A veces

 

“Quien a sí encadenare una alegría
malogrará la vida alada.
Pero quien la alegría besare en su aleteo
vive en el alba de la eternidad.”
WILLIAM BLAKE,  Eternidad.
 
 
A veces, al despertar en la mañana,
sobre mi rostro no se posa la luz del sol,
sino que me acaricia, me mira y me posee
la luz de tu sonrisa,
 
y eso me permite caminar, aunque caiga
durante el resto del día y de la tarde,
aun bajo un amargo gris o una fúnebre sombra,
pues te invoco a cada segundo en mi memoria.
 
 
A veces, cuando llego muy tarde,
y el cuerpo está cansado y el alma dormida,
siendo en el ambiente una calma iridiscente
que me puebla los ojos de agua y júbilo,
 
pues llegas ante mí con esa sonrisa
-esa que alguna vez me cubrió de la tormenta-
y no tengo otra salida que también sonreír,
y entregarme a la vida aunque se proyecte cruel.
 
 
A veces, cuando me siento solo y desdichado
como el viento en medio del deshabitado desierto,
solo me basta salir de este refugio de cemento,
 
para encontrar así tu boca en las estrellas,
tu cuerpo en las nubes suaves y danzarinas
y tu ser en el sol reconfortante y en la luna cambiante
 
y lograr sonreír de nuevo
y salir a batallar el destino
y empezar a abrazar la vida.
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