¿Colombia un paraíso?

Yo me pregunto algo, ¿por qué la gente hoy en día cree todo lo que le afirman? En ocasiones da enojo, y en otras da risa; tenemos que aprender a diferenciar entre realidad y fantasía. Hay que abrir los ojos.

“Colombia es un paraíso”. Está claro que este país a nivel de naturaleza es inmensamente rico, y si, es un paraíso, pero terrenal. Este paraíso terrenal es ajeno al hombre, nosotros no hemos hecho nada por hacerlo tan bello como lo es hoy, por el contrario, lo estamos destruyendo.

En las selvas los pájaros vuelan esplendorosamente, mostrándole al sol los hermosos colores de sus alas, que relucen y palpitan con la brisa; pero las bellas aves vuelan más rápido cuando oyen un estruendo, que les parece amenazador.  Escapan del plomo del hombre, vuelvan por los aires, revolotean, gritan, se alejan, intimidados por perder su libertad al ser cazados, devorados, agarrados y encerrados para siempre en jaulas.

Los jaguares, ocultos entre arbustos y los árboles de veinte metros de altura, mirando sigilosamente, esta vez no para atrapar su presa, sino observa cómo unos seres parecidos a simios sólo que más terroríficos, a medida que pasan, sólo dejan un terreno desolado, seco y horrible por donde alguna vez existió algo llamado selva. Y por primera vez oye un rugido más fuerte que el suyo, y aquel rugido le parece que corta fácilmente árboles.

El agua cristalina corre abruptamente llevando consigo formas de vida alegres, como peces, tortugas, cangrejos y más bellos ejemplares, alimenta a la humanidad y le quita la sed a ésta, de día refleja el poderoso sol, y de noche pinta a la noble y frágil luna cuyo reflejo tiembla, baila y se agita con esa refrescante agua. Todo es alegría, hasta que esas aguas se ensucian con súbitas explosiones a la tierra, y culpa de esa suciedad es causada por la ambición del hombre, cegado por obtener y producir a costa de todo daño, porque según él, el fin justifica los medios. Y abastecer al mundo perezoso, cruel y consumista es su prioridad. Aunque un río calme la sed al hombre, éste tendrá más sed de poder, destrucción y sangre que de agua.

Las lágrimas de unos inocentes y sabios nativos se derraman por sus mejillas, son amargas y cargadas de dolor; ante sus ojos, ven a la que consideran su madre mayor, la naturaleza, siendo devorada, acabada y ultrajada, siendo irrespetada y asesinada con crueldad, ambición e indiferencia, observan todo taciturnamente, y no sólo observan, no, también sienten con cada segundo que pasa, una herida en su corazón que nunca sanará, saben que la tierra también siente esa herida, sólo que con más dolor y es más profunda.

Qué podemos esperar de este país donde un congresista gana más que un diputado de Europa, siendo que este país es “subdesarrollado”. Qué podemos esperar de un país donde la gente se desinforma gracias a periodistas oportunistas y amarillistas. Qué podemos esperar de un país donde los jóvenes tienen aversión al estudio y sumisión ante las modas. Qué podemos esperar de un país donde las personas usan sus manos para rezar y pedirle todo a Dios, en lugar de usarlas para trabajar y estudiar.

Aunque la felicidad, la alegría y el fulgor sigan inmanentes en cada espíritu colombiano; siempre tendremos que lidiar con la corrupción, la guerra interna, la inseguridad y la desigualdad que, parece, se están convirtiendo en la idiosincrasia colombiana.

Un lugar -aunque sea hermoso-, que esté habitado por hombres, no puede ser un verdadero paraíso…

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