Pradera

Pradera. 

Primer escrito surrealista.

 

 

 

 

Los cielos están iracundos. Y en el infierno hay fiesta.
En la tierra se viven los destinos plagados de color, mientras en los sueños se sienten los colores plagados de realidad.
Y los labios se encrudecen y enmudecen cuando ojos y oídos contemplan la belleza espontánea y resulta inefable describir el sentimiento.
Qué fácil resulta oler las flores, cuando estas están en silencio, y qué fácil es navegar cuando el mar está embriagado en luces lúgubres procedentes de la noche sin luna.
En la antípoda de tu cabeza descansando para quedar repleta de sueños y anhelos, hay pies caminando descalzos.
En un universo paralelo los sueños son realidad, y la realidad un espejismo que hay que olvidar y con el que no se puede tratar.
Sentado en una pradera, mirando al crespúsculo emigrar, hay círculos de fantasía rodeando el cielo, y hay pájaros volando alrededor del sol.
Rodeado de montañas, que todas las madrugadas se bañan con nieve.
Un lago donde viven peces pequeños y coloridos, esos animales que parecen no tener dolor, parecen inertes, con energía infinita para nadar sin detenerse toda su existencia, y con ojos saltones que pueden ver dentro de nosotros.

 

Andrés Cuéllar.

Madrugada del 10 de Julio de 2011.

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